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lunes, 5 de junio de 2017

La comodidad del artista en la radio: Gepe - Ciencia exacta (2017) [Review]

Publicado el lunes, 5 de junio de 2017

Hace poco Gepe advertía que su próximo disco sería un giro a la “canción más simple, más pura, ligada a la letra en la mayoría de los casos”, a canciones “en función de sí mismas, de las imágenes y las ideas”. Portada ilustración a manos de Camilo Huinca
A estas alturas, queda claro que interpretar sus declaraciones como una vuelta al estilo de Gepinto (2005) sería un error; el mismo Gepe ya aclaraba hace un par de años (por si no quedaba lo suficientemente claro) que ya no es el mismo autor de entonces, y que su etapa de “experimentador” ya estaba finiquitada. Riveros ya dio con una “estética Gepe”, y lo que cabe, de acá en adelante, es trabajar sobre ella, sumando y restando. Quizá por eso Gepe decidió dar a su último disco el matemático nombre de Ciencia exacta, para avisarnos que tiene la fórmula y que es hora de despedirnos, por lo pronto, de la proliferación de géneros y el salto constante entre estilos que caracterizaba al aptamente titulado Estilo libre (2015).

Por eso mismo Ciencia exacta es un álbum que transmite comodidad por todos lados, donde casi todas las canciones, salvo en la curva final, parecen fluir naturalmente. Es un disco donde no hay nada que esconder, un disco cuya mayor virtud es la transparencia de todos sus elementos, partiendo desde aquellas “imágenes e ideas” que son la médula del disco. Ya fuimos advertidos, y no hay riesgo en seguir las pistas y mirar que en gran parte de las canciones del álbum Gepe utiliza en sus letras imágenes acuáticas, desde ese pelo que “es como una nube que ha llovido tanto” en Hablar de ti, al “agua para tomar” de Abrir la puerta, agua que vuelve a aparecer como una de las pocas cosas que quedan al protagonista de Solo, a la lluvia que nuevamente cae en Flor del canelo o al ritmo que va “del aire al mar” en Cine en tu cama. Y no pasemos por alto, tampoco, la iconografía asociada al álbum, como el personaje de la portada que mira a través de un cristal (¿o recipiente lleno de agua?) y nos devuelve una imagen un poco distorsionada, igual que los participantes del video de Hablar de ti, mirando a través de un cristal empañado mientras Gepe interpreta la canción con un ukelele transparente, con banda completa en un invernadero.

El sonido confirma y cierra esta unidad, el prometido “hilo conductor”. Las canciones son introspectivas y sencillas, donde el giro propio del autor se completa, en sus momentos más luminosos, con un acompañamiento fino de capas de teclados y ocasionales vientos que recuerdan un poco al mejor sophisti-pop ochentero. Además, el gusto a pop reggae de Hablar de ti, el pop a secas de Abrir la puerta, o la euforia contenida de Hoy día me lanzo anuncian que el que la hibridación marca de casa no reine como en los álbumes anteriores no significa que esta se haya olvidado. Guiño irónico cuando Ojos que no ven, la canción menos interesante del disco, aparece emparedada entre una grabación de una mujer pronunciando (¡correctamente!) el nombre de la institución de música experimental Einstürzende Neubauten y la grabación de un vendedor de barquillos, encontrándose literalmente entre vanguardia y tradición.

Sin embargo, y fuera de los aciertos enumerados, Ciencia exacta tiene algunas faltas importantes. La sencillez y la transparencia no siempre son bien jugadas y, aunque no se haya renunciado del todo al mestizaje sonoro, el álbum sufre porque a la virtud de la transparencia sigue, naturalmente, el defecto de la falta de matices. Tras dos álbumes coloristas como GP (2012) y Estilo libre (2015) la modestia de Ciencia exacta no es completamente satisfactoria. El estilo “doméstico”, ese “twee latino” que Gepe inventó, patentó y perfeccionó suena adocenado, y temas como el arriba mencionado Cine en tu cama no tienen la pegada de Fruta y té o Bacán tu casa. Ni hablar de los puntos más bajos del disco, como el ya mencionado Ojos que no ven, tema listo para saltar a la rotación de FMDos, o la coda final; el cover de Las flores, de Café Tacuba, bonito y nada más, y la brevísima Hasta cuándo con, actualización 2017 de ¿Por qué no se van?. Que en un álbum de 10 temas al menos 4 sean descartables es para alarmarse ¿Será demasiada comodidad la que está amodorrando a Gepe? 
El diagnóstico, por ahora, es reservado. Por una parte, el que el disco más “modesto” de Gepe sea aun capaz de contener un puñado de ideas bien utilizadas y al menos una canción que da en el blanco da motivos para seguir creyendo. Por otra, el cierre de la “búsqueda exterior” amenaza con quitarle vitalidad a la obra de un artista que, hasta ahora, ha destacado por su habilidad a la hora de mezclar con gracia elementos dispares en una estética coherente y personalísima. Habrá que ver.

Reseña por: Boris López


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